PARTE DE NUESTRA HISTORIA: EL PRÍNCIPE ALFONSO

Durante más de sesenta años, el Marbella Club ha sido sinónimo de lujo y  sencillez. Situado en lo que una vez fue un pueblo tranquilo al sur de España, hoy en día, la zona de Marbella está llena de vida, gracias a sus suaves temperaturas, los sabores mediterráneos de la cocina andaluza y  su gente cálida y amigable.

Hubieron muchas personas que tuvieron un gran impacto sobre cómo se percibió el Marbella Club. Hoy, le presentamos a esas personas que forman parte de nuestra historia. Los verdaderos influencers detrás del Marbella Club.

Prince Alfonso Hohenlohe

El Príncipe Alfonso von Hohenlohe en la entrada del Marbella Club. Imágen: Classic Driver.

Es posible que haya oído hablar de un tal “Príncipe Alfonso”. Quizá haya visto su estatua justo en la entrada de El Grill. El príncipe, de origen austriaco y vasco, fue el visionario detrás del Marbella Club. Uno de seis hermanos, Alfonso creció entre Bohemia y Madrid donde su madre, Doña María de la Piedad, tenía propiedades. A pesar de haber nacido en el seno de una familia adinerada, los conflictos de la Primera Guerra Mundial, la Revolución mexicana y la guerra civil española menguaron su patrimonio.

El jóven Alfonso con su padrino, el Rey Alfonso XIII de España.

A finales de los años 40, en un viaje Madrid-Marbella para ver a un familiar, Alfonso y su padre Max tropezaron con una finca extensa de olivos e higueras con vistas y acceso directo al mar. No tardarían mucho en adquirir la finca llamada Santa Margarita, donde construirían su hogar familiar. Esta forma tan rústica de vivir, sin pretensiones y donde el tiempo pasaba lentamente sería uno de los motivos más convincentes para que la realeza árabe, celebridades de Hollywood y las familias más emblemáticas de Europa olvidasen destinos como Francia o Italia y viniesen a una pequeña casa costera en Marbella.

La actriz Brigitte Bardot y Gunther Sachs (izquierda), junto al Príncipe Alfonso.

En 1954, el Príncipe Alfonso abrió las puertas del Hotel Marbella Club, con 20 sencillas habitaciones contruídas en el estilo de los motels norteamericanos. Su servicio familiar y totalmente personalizado y su visión tan discreta del lujo fue un éxito rotundo. Se organizaban paseos en burro hasta la playa, también picnics en la orilla del mar. Los clientes incluso formaban parte de tres fiestas temáticas todas las semanas, donde se improvisaban la decoración y los disfraces.

Las primeras habitaciones del hotel se diseñaron inspirados en los motels californianos.

Un remanso de paz, un escondite donde dejar atrás las preocupaciones. Un lugar para divertirse. El Príncipe Alfonso encontró la fórmula perfecta para dejar que sus clientes pudiesen crear un vínculo auténtico y emocional con el lugar. Empresario y encantador por naturaleza, “Olé Olé”, tal y como le llamaban los locales cariñosamente, dejó huella en la historia del Marbella Club.

¿Quiere saber más sobre la historia del Marbella Club?

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